Windland Smith Rice International Awards 2015. La fotografía versus la pixelgrafía.


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Para mi, la esencia de la fotografía estriba en su capacidad de congelar un momento que ocurre en el presente y que simultáneamente ya se está convirtiendo en pasado. Un momento que ya no se va a volver a repetir, pero que gracias a la tecnología podremos revivir tantas veces como queramos. Quizás me explique mejor con un ejemplo. Según esta idea podríamos establecer una escala en la que un bodegón fotografiado en unas condiciones de luz perfectamente controladas y repetibles, ocuparía el escalón más bajo y la foto del miliciano abatido de Robert Capa, ocuparía el peldaño más alto. Eso en absoluto quiere decir que una de las tomas pueda tener a priori un valor artístico más alto que la otra. Solo que según mi punto de vista la segunda exprime mucho más una de las cualidades que más diferencian a la fotografía de otras disciplinas artísticas y que al menos a mi, me produce una atracción casi hipnótica.

Desde el comienzo de la fotografía se han utilizado tranpantojos para engañar al observador, de hecho esto es inevitable si tenemos en cuenta que es una representación en dos dimensiones de una realidad de tres.  Quizás este sea otro de los valores de la fotografía… y que nos permite elevarla a categoría de arte. El arte de engañar al ojo a nuestra manipulable mente. El problema puede surgir cuando estas “trampas” visuales se utilizan para construir un engaño, por ejemplo para afirmar que un montaje fotográfico es una prueba indiscutible de un avistamiento de un OVNI. Desde mi punto de vista esto se fundamenta en la falacia de que la fotografía es la realidad, aunque a lo sumo podemos aspirar a que sea una representación de la misma.

Hace unos días un conocido sentenció, mientras contemplaba una de mis imágenes, que era un montaje realizado en un popular programa de edición gráfica. Simplemente no concebía que nadie pudiera combinar simultáneamente una confluencia de elementos como la que tenía ante sus ojos. Por un lado veía un paisaje primitivo, casi irreal, pero perfectamente compuesto, como si alguien lo hubiera construido adrede. Un paisaje cubierto por unas nubes dignas de una película apocalíptica, de esas que tanto se llevan ahora. Pero lo que mas le desconcertó fue ver como un rayo cruzaba la mitad de la escena. ¡¡¡Algo inaudito!!!. Cada elemento por si solo podría admitirse con cierta facilidad, pero los tres juntos le restaban credibilidad a la escena.

La imagen del ejemplo ocuparía una posición superior en la escala que comentaba al principio, porque es un momento irrepetible, único. Pero ¿por qué reaccionó de esta manera esta persona? ¿por qué ya no nos creemos lo que vemos?

La fotografía digital ha multiplicado la posibilidades de manipulación de una imagen hasta prácticamente el infinito y quizás esto nos obligue a comenzar a nombrar de forma diferente a dos disciplinas que nacieron de la misma madre, pero que se han desarrollado con personalidades propias. No es lo mismo la fotografía que la pixelgrafía. Con la primera escribimos con la luz, con la segunda con los pixels. La primera se basa en una experiencia que ha ocurrido en el mundo real. La segunda nos permite manipular la información de una imagen como si fuera un trozo de barro y convertirlo en lo que deseemos, solo limitados por nuestra imaginación. Si cambio un pixel de sitio, por ejemplo cogiendo elementos de diferentes fotos, ya no es una fotografía, es otra cosa,… se convierte en una pixelgrafía. Hay autores que por la presión de saberse constantemente protagonistas en las redes sociales, o porque viven de la fotografía y se ven obligados a producir mucha obra y de muy alto nivel, o simplemente porque no tienen la paciencia y no son capaces de hacerlo de otra manera, recurren a estas técnicas. En mi opinión esto no es a priori una mala práctica,… siempre y cuando se comparta de forma honesta y llamando a las cosas por su nombre.

Hay fotógrafos que han cimentado su fama, incluso de impacto mundial, disfrazando sus pixelgrafías de fotografías y como consecuencia, nos hemos vuelto todos unos descreídos. ¿Por qué esas imágenes rompedoras no aparecen en ninguno concurso serio, de esos en los que se examinan los raws a fondo?

Seguro que ya habréis adivinado que la fotografía de la que estoy hablando es la que encabeza este texto. La toma la realicé el año pasado, después de un mes merodeando por una remota zona del sudoeste de USA, esperando las condiciones adecuadas. Seguro que también os habréis dado cuenta de que no es fruto de una casualidad. Responde a una exhaustiva planificación, a meses de preparación y a una paciencia puesta a prueba por una  frustración que crecía día tras día, mientras veía que no conseguía el resultado esperado.

Supongo que algo de lo que os he contado es lo que vieron los jueces del Windland Smith Rice International Awards del 2015, para darle el primer premio de la categoría de “Power of the Nature”. Eso si, después de haber examinado exhaustivamente el archivo raw, para comprobar que efectivamente era auténtica, por increíble que pareciese.

Además esta es una de las pocas imágenes seleccionadas entre las 20.000 candidatas de fotógrafos de más de 50 países, que forman parte de una exposición que se puede ver las paredes del Smithsonian de Historia Natural de Washington hasta octubre del 2016. De esta manera se celebrará el XX aniversario de uno de los certámenes de fotografía de naturaleza más prestigiosos del mundo y desde luego más importante al otro lado del Atlántico.

Otras dos imágenes mías han conseguido sendas menciones de honor en las categorías de paisaje y de arte en la naturaleza, siendo de esta manera uno de los fotógrafos más premiados en la edición de este año.

Si queréis ver todas las ganadoras de los Windland Smith Rice International Awards podéis ir a este enlace:

http://www.naturesbestphotography.com/galleries/2015wsr.php

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