Aurora over the fjord.

Landscape Highly Honored 2019 Windland Smith Rice Awards

Landscape Highly Honored 2019 Windland Smith Rice Awards

 

—En castellano más abajo.—

The predictions to see a great Northern Lights were excellent and the sky was completely clear that frigid Arctic night. I wore a good feather duster and was well sheltered, but the cold and humidity began to show as I waited at the foot of my tripod on the shore.

An endless horizon extended beyond the mouth of the fjord, as the waves hypnotically beat against the cliff, plunging me into a trance of serene contemplation. The snowy mountains sank their deep roots in the Norwegian Sea, evoking the colossal mass of ice that covered this valley during the last glaciation.

Alone, my wife and I on the cliff, we felt small, tiny, immersed in a spectacle that needed no special effects or artificial additives. We only had to let Nature work its magic. We only had to provide a good dose of patience and resist the cold until it lent itself to show us its secrets.

Almost imperceptibly, the sky began to light up timidly, quickly transforming into an intense emerald green, which soon flooded the entire celestial vault. The curtain of light moved nervously and indecisive from one side of the valley to the other, twisting rapidly over the steep peaks illuminated by the full Moon.

I had chosen a location whose orientation would allow me to photograph in almost any direction, but the aurora covered such a large area that not even my wide angle could capture its full magnitude. So I decided to make panoramas that would cover a good part of the fjord. The added problem was that the shapes moved so fast, that either I used a relatively fast shutter speed or I would only get photographs of green smudges and it would be impossible for me to stitch a panorama.

I repeated as many times as I could the process with different frames. In this particular image you can see how the aurora forms almost perfect loops over the mountains that flank the entrance to the fjord and give way to a horizon that extends to infinity.

This photograph has been recognized with an honorable mention in the landscape category of this year’s Windland Smith Rice Awards.

Here you can see all the images and videos awarded this year

https://www.naturesbestphotography.com

 

During the winter in the Arctic the Sun does not appear on the horizon.  Durante el invierno en el ártico el Sol no se asoma sobre el horizonte

 

—Castellano—

Las predicciones para ver una gran aurora boreal eran excelentes y el cielo estaba completamente despejado aquella gélida noche ártica. Llevaba un buen plumífero y estaba bien abrigado, pero el frío y la humedad comenzaban a hacerse notar mientras esperaba al pie de mi trípode en la orilla.

Un horizonte sin fin se extendía más allá de la boca del fiordo, mientras las olas batían hipnóticamente contra el acantilado sumiéndome en un trance de serena contemplación. Las montañas nevadas hundían sus profundas raíces en el Mar de Noruega, evocando la colosal masa de hielo que cubrió este valle durante la última glaciación.

Solos, mi mujer y yo sobre el acantilado, nos sentíamos pequeños, minúsculos, inmersos en un espectáculo que no necesitaba de efectos especiales ni aditivos artificiales. Solo teníamos que dejar que la Naturaleza obrara su magia. Solo teníamos que aportar una buena dosis paciencia y resistir el frío hasta que se prestara a mostrarnos sus secretos.

De forma casi imperceptible el cielo comenzó a iluminarse tímidamente, transformándose con rapidez en un intenso color verde esmeralda, que pronto inundó toda la bóveda celeste. La cortina de luz se movía nerviosa e indecisa de un lado al otro del valle, retorciéndose con ligereza sobre las escarpadas cumbres iluminadas por la Luna llena.

Había escogido una localización cuya orientación me permitiría fotografiar casi en cualquier dirección, pero la aurora cubría un área tan grande, que ni con mi gran angular podría captar toda su magnitud. Así que decidí realizar panorámicas que cubriesen una buena parte del fiordo. El problema añadido era que las formas se movían con una rapidez, que o utilizaba una velocidad de obturación relativamente rápida o solo obtendría fotografías de borrones verdes y además me resultaría imposible “coser” una panorámica.

Repetí tantas veces como pude el proceso con diferentes encuadres. En esta imagen en particular se puede apreciar como la aurora forma bucles casi perfectos sobre las montañas que flanquean la entrada del fiordo y dan paso a un horizonte que se extiende hasta el infinito. 

Esta fotografía ha sido reconocida con una mención de honor en la categoría de paisaje de los Windland Smith Rice Awards de este año. 

Aquí podéis ver todos las imágenes y vídeos premiados de este año

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